Home » Escritores Publicitarios » Ana Ma Olabuenaga

Ana Ma Olabuenaga

Redacción Perfecta…

Bala de Terciopelo : Inframundo

Ya no es como antes, dice siempre el Presidente y dice bien, antes estábamos vivos, ahora ya no tanto. Huele a copal y a pan de muerto con su harina mojada en agua de azahar, esa con la que te empieza a dar sueño. Tapetes de flores, caminos de veladoras y una manada de xoloitzcuintles para que nos guíen al Inframundo. ¿O será que ya llegamos? Inframundo mexicano lleno de cuchillos de obsidiana que se clavan por la espalda y lamentadas. Trinches, calaveras y ollas con aceite hirviendo en un nudo de sincretismo que nuestro Presidente quiere deshacer con un mazo, mientras el que recibe el mazazo nos dice “disculpe usted”. Inframundo donde cada día hay menos empleo y más enfermos. Inframundo lleno de humo que sale de Dos Bocas y nueve gargantas que tienen los nueve niveles del infierno mexicano. Humo que sube desde Mictlán hasta las manos de la mazateca que le hace una limpia al Presidente ahumándole el saco y, como dice mi amigo Diego, toda la investidura presidencial. Teresa de Jesús Ríos, la indígena que en el nombre lleva la inutilidad del perdón, trae huaraches, huipil multicolor, rebozo y cubrebocas detrás del cual se escucha el estupor: “Es un hombre de mucha fe, yo creo que por eso no usa cubrebocas”. Ay, mis hijos… se extiende un lamento a lo lejos, si la fe que le tenemos a las limpias se la tuviéramos a la ciencia… Ay. Se establecen tres días de luto nacional. ¿Cuántos llevamos ya? Los primeros que se decretaron fueron del 13 de agosto al 11 de septiembre. De tantos minutos de silencio nos vamos a quedar mudos. ¿O ya lo estamos? Mudos porque estamos muertos o porque en el Inframundo mexicano está empezando a dar miedo hablar. La bandera se va a acostumbrar a estar a media asta. ¿Cuándo se podrá izar? País en luto constante. Inframundo es donde ganan los muertos. Inframéxico.

Bala deTerciopelo Presenta:Cancelar

Le apuesto que conoce perfectamente el fenómeno del que le voy a hablar. Cierre los ojos y piense en algo que no le guste. Una persona, un libro, una estatua, lo que sea. Ahora, imagine que sobre esa imagen aparecen dos botones: uno que dice salvar y otro cancelar. Es tan simple, un solo botón y eso que tanto le molesta se puede borrar, dejar de existir. Como el correo que decidió no enviar: cancelar. El texto que no terminó por cuajar: cancelar. La cita a la que no le apetece asistir: cancelar. Pulse ahora la opción. Cancelar. La pantalla está en blanco. Desapareció. Abra los ojos. Ahora imagine que esa operación que acaba de hacer es real: eso que usted decidió sacar del sistema, salió. Ya no existe. Esa es hoy la práctica que se populariza como la “cultura de la cancelación”. Cultura de la cancelación es la forma semicivilizada de llamarle a un linchamiento digital. Sin embargo, la cancelación como tal es un fenómeno que arranca hace poco menos de diez años en las universidades estadunidenses y que, a raíz de la pandemia y el confinamiento, ha estallado como una categoría de análisis y una práctica social cotidiana. Condenar al ostracismo a alguien que no piensa lo mismo que uno piensa. Una especie de “muerte civil” como aquel castigo de la antigua Grecia en el que el individuo era condenado a perder sus derechos civiles, arrojado al destierro y considerado una “ficción jurídica”. Un boycott de lo que hace, hizo, piensa, dice y dijo el otro, para con ello cancelar lo que pueda hacer o decir en el futuro. Obstruirle el acceso a las plataformas en las que pudiera defender su opinión. Cancelar su libertad de expresión, su reputación y sus posibilidades de mantener un empleo. Más allá de una ficción, construir al otro como un “no ser” del que ni siquiera es necesario hablar, porque no existe y jamás existió.

https://www.milenio.com/opinion/ana-maria-olabuenaga/bala-de-terciopelo/cancelado?

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*