Un estudio en Estados Unidos muestra que el tiempo promedio que tardamos en cambiar nuestro celular es de 3.88 años: casi nueve meses más que en 2020. Lo que pasa es que ya no hay un motivo tan claro para cambiar porque, cuando les preguntan a los usuarios qué quieren de un celular nuevo, las respuestas son siempre las mismas: que sea barato, que la batería dure más y que la cámara sea buena. Estas tres cosas ya están en un techo que se mueve bastante lento y, cada año, la mejora es tan chica que no la sentís. El celular se volvió tan bueno que dejó de tener sentido cambiarlo.

Como podrás adivinar, la industria decidió entonces apostarlo todo a la inteligencia artificial. Tiene sentido, ¿no? Si el hardware ya tocó techo, que el software sea la razón. Android salió con Gemini y Apple, con Apple Intelligence.
Puede ser que esté sucediendo algo parecido a los primeros años de internet: la tecnología estaba, pero nadie había encontrado la forma de hacerla indispensable. Primero fue el mail, después el buscador, después las redes sociales…La explosión terminó tardando décadas. Con la IA, puede ser que esté pasando algo parecido: todos saben que va a explotar, pero nadie encontró todavía el cómo.
Pero hay un pequeño problemita: a la gente no le importa. Una encuesta de este año preguntó determinó que solo el 11% indicó que la IA sería una razón para cambiar su dispositivo, bajando del 18% el año anterior. Como si fuera poco, casi un tercio directamente no quiere más IA en su teléfono. ¡Y no los culpo! Hasta ahora, los asistentes siempre fueron malísimos.
Apple presentó Apple Intelligence hace dos años; vendió millones de iPhones con esa promesa, pero Siri hoy sigue siendo tan inútil como siempre. Del otro lado, Samsung recién ahora lanzó el S26 y lo llamó su primer “teléfono agéntico” con la IA integrada a nivel Sistema Operativo. ¿Será suficiente para convencer?
Durante 15 años, las tecnológicas optimizaron para que mires más la pantalla: más scroll, más notificaciones, más horas.
La revolución de la IA en celulares puede ser exactamente lo contrario: el que gane va a ser el que logre que mires menos… Porque tu celular ya resolvió todo antes de que lo agarres.
